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Historias

Dice una leyenda...

Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y, en un determinado punto del viaje discutieron, y uno le dio una bofetada al otro. El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena: "Hoy mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro".
Siguieron adelante, y llegaron a un oasis donde resolvieron baárse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por su amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra: "Hoy mi mejor amigo me salvó la vida".
Intrigado, el amigo preguntó: -¿Por qué después de que te lastimé escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?
Sonriendo, el otro respondió: "Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena, donde el viento del olvido y el perdón se encargarán e borrarlo y apagarlo; por otro lado, cuando nos pasa algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo. Se necesita sólo un minuto para que te fijes en alguien, una hora para que te guste y un día para quererlo. Pero se necesita toda una vida para que lo puedas olvidar".
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Mi amigo no ha regresado del campo de batalla...

Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para ir a buscarlo: dijo un soldado a su teniente.
¡Permiso denegado!- replicó el oficial -. No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ha muerto. El soldado, haciendo caso omiso de la prohibición, salió, y una hora más tarde regresó mortalmente herido, transportando el cadáver de su amigo. El oficial estaba furioso: ¡Ya le dije yo que había muerto! ¡Ahora he perdido a dos hombres! Dígame, ¿merecía la pena ir allá para traer un cadáver?.
Y el soldado, moribundo, respondió: ¡Claro que sí, señor!. Cuando lo encontré, todavía estaba vivo y pudo decirme. JUAN, ¡ESTABA SEGURO DE QUE VENDRÍAS!.
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